Mi primera carrera fue en la industria restaurantera, administrando restaurantes y eventualmente administrando teatros y centros de eventos para una gran cadena de cervecerías artesanales de Oregón. Tuve que dejarlo porque bebía demasiado, y era como un niño en una tienda de golosinas.
Con el tiempo, comencé a interesarme en el campo de la recuperación del consumo de sustancias y trabajé como consejero de adicciones y administrador de casos. Quería incursionar en el campo de la salud mental y me convertí en voluntario de Trauma Intervention Programs Northwest (TIP), que envía voluntarios a escenas de emergencias del 911 para abordar el trauma secundario inmediatamente después de una emergencia.
Se me da bien acompañar a personas que están pasando por cosas horribles. Siempre es una conversación delicada, pero la gente está más dispuesta a hablar después de que construimos algo de confianza.
Algo muy importante en el trabajo de crisis es no pasar por alto el dolor por el que alguien está pasando, sino permanecer en ese momento todo el tiempo que sea necesario para que se sienta listo.
Comencé en Lines for Life en 2005 como voluntario y respondí a llamadas de crisis durante varios años antes de empezar a tiempo completo a responder la Línea de Crisis para Veteranos. A partir de ahí, pasé a la tutoría y luego a la capacitación.
Ahora, como capacitador clínico, ayudo a entrenar e integrar a nuevos consejeros de crisis en Lines for Life. Dirijo capacitaciones sobre las necesidades específicas de los miembros del servicio militar y los veteranos, y cómo brindarles apoyo. También guío al nuevo personal a través de teorías sobre la prevención del suicidio y escuchamos juntos ejemplos de llamadas de crisis. Hablamos sobre las estrategias que utilizamos en Lines for Life para apoyar a las personas que llaman a las líneas de crisis.
A menudo, cuando las personas intentan iniciar la conversación y hablar con alguien sobre un problema de salud mental, la persona a la que se dirigen se siente inclinada a dar consejos de inmediato o a intentar solucionar el problema, en lugar de escuchar y validar a la persona. Escuchar sin juzgar y validar los sentimientos de alguien puede ser el comienzo de resultados mucho más positivos.
Enseño a los consejeros telefónicos a honrar que las personas tienen la sabiduría dentro de sí mismas para resolver las cosas y sentirse mejor con sus vidas cuando se les da un espacio seguro para hacerlo. Es nuestro trabajo crear ese espacio para que las personas avancen hacia la seguridad..



